Esquina. Estoy buscando la pizzería donde me voy a encontrar con los chicos del secundario. Es suburbana, como la 526 pero en 80, muy oscura. Hay un puesto de diarios abierto y una mujer con una mesita llena de vinilos a $4, el tipo tiene pinta de gitano flaco, tipo los de las películas de Kusturica. Quiero comprar. Dos nenes me palpan la billetera del bolsillo del pantalón. Me tocó y no encuentro la billetera. Acuso a los chicos pero los chicos me muestran otra billetera. Mi billetera aparece sobre la mesita, la mujer la señala, el gitano me mira de reojo con bronca.
Vuelvo para atrás, me quiero ir a la mierda y atravieso una casona oscura, tipo chorizo, usurpada por esta gente. La tengo que atravesar pero cada vez que llego a la mitad veo un ventanal con una cortina de gasa, detrás del cual está la familia comiendo asado, sentados en cajones. Llego hasta ahí y un fogonazo me hace volver al principio, avanzo y pasa lo mismo, hasta que escucho que el tipo dice: "Un boludo! decí que (blablabla), que sino lo mato". Repito y siempre vuelvo, hasta que un nene chiquito de los que supuestamente robaba se me aparece con los ojos casi glaucos, con un poco de resplandor. Sonríe con melancolía. Me ofrece un cuchillo y le digo: "Ya se, para salir de acá me tengo que matar". Me responde: "No, me tenés que matar a mí".
Tomo el cuchillo (parece un punzón grande, una chaira sin filo, y se lo clavo en el corazón. DESPIERTO.
Vuelvo para atrás, me quiero ir a la mierda y atravieso una casona oscura, tipo chorizo, usurpada por esta gente. La tengo que atravesar pero cada vez que llego a la mitad veo un ventanal con una cortina de gasa, detrás del cual está la familia comiendo asado, sentados en cajones. Llego hasta ahí y un fogonazo me hace volver al principio, avanzo y pasa lo mismo, hasta que escucho que el tipo dice: "Un boludo! decí que (blablabla), que sino lo mato". Repito y siempre vuelvo, hasta que un nene chiquito de los que supuestamente robaba se me aparece con los ojos casi glaucos, con un poco de resplandor. Sonríe con melancolía. Me ofrece un cuchillo y le digo: "Ya se, para salir de acá me tengo que matar". Me responde: "No, me tenés que matar a mí".
Tomo el cuchillo (parece un punzón grande, una chaira sin filo, y se lo clavo en el corazón. DESPIERTO.