Voy por la calle suburbana, noche. En la vereda hay un cachorrito agonizando, el barrio, la casa y la calle son como el de Yamila Páez, 5 entre 68 y 69.
Hay una nena mirando el cachorrito, yo le pregunto si está su mamá. La nena agarra el cachorrito y entra con una sonrisa por el zaguán. Yo pienso cómo sacárselo.
La madre me atiende, le digo que soy rescatista y que quiero curar a la perrita, ella me muestra otros perros, me dicen que están bien, le digo que lleve a la perrita a la veterinaria. No hay problema, me dice. Me presenta a su familia.
El sueño cambia pero es el mismo, recorro la casa y está Mingo, es como un galpón bien armado e iluminado, es de día, está en ronda esperándome sonriente con otros viejos alegres, se ríe y me presenta a otro viejito gordo de ojos claros que me saluda con un abrazo y me dice gracias.
Estoy contento.
Hay una nena mirando el cachorrito, yo le pregunto si está su mamá. La nena agarra el cachorrito y entra con una sonrisa por el zaguán. Yo pienso cómo sacárselo.
La madre me atiende, le digo que soy rescatista y que quiero curar a la perrita, ella me muestra otros perros, me dicen que están bien, le digo que lleve a la perrita a la veterinaria. No hay problema, me dice. Me presenta a su familia.
El sueño cambia pero es el mismo, recorro la casa y está Mingo, es como un galpón bien armado e iluminado, es de día, está en ronda esperándome sonriente con otros viejos alegres, se ríe y me presenta a otro viejito gordo de ojos claros que me saluda con un abrazo y me dice gracias.
Estoy contento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario