Estoy laburando en el kiosko del Policlínico, aún de chapa. Una noche azul hermosa, de película, pero hay algo que está mal, vienen los orcos.
Hay una chica joven morocha que viene con dos pibes grandotes, morochos también. Se les ve preocupados, pienso que son personas normales, los orcos vienen. El kiosko tiene niveles, como una torre de videojuego, subo y bajo. Bajo al nivel de la calle y ahí están los orcos, quietos, rodeando el kiosko. Les veo la cara, como las imágenes de inteligencia artificial, iluminación y textura extrañas, deformes, pero el instante todos tienen una máscara hecha de papel de cuaderno, redonda con una sonrisa o una mueca dibujada con crayón. No pasa nada. La noche anterior estaba pensando cómo hacer una máscara con papel maché y viendo videos de dibujos de la inteligencia artificial.
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