De alguna manera rescatabamos animales de un zoológico y lo poníamos en un galpón de material viejo grande, con puerta de madera suelta. Había tigres, rinocerontes, antílopes y otros apilados como juguetes. El tigre estaba loco, quería salir. Yo empujaba la puerta para que no escapara, en cada forcejeo veía el quilombo de adentro. Terrible.
Viajo a Bariloche, con algún conocido, en el piso de arriba adelante. Paramos en una ciudad y recuerdo que no tenía plata en ningún lado. Ni crédito ni nada. Mucha tristeza. El micro tenía en las escaleras puertas robustas de bandas verticales de madera lustrada de tono caoba. Me pongo a pensar cómo voy a hacer, es como la realidad, y cómo se accionadas las puertas ya que no había espacio suficiente para abrirlas. La morfología me hacia acordar a otra puerta conocida. Fuera del sueño me di cuenta que la puerta era como la de entrada de Los Hornos 1674, pero sin la ventanilla.
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